MODERNA:

A pesar de ser una costumbre muy antigua, la cremación es considerada hoy en día como un servicio funerario moderno. No solamente por la utilización de avanzadas tecnologías en los hornos, sino porque al considerar el crecimiento exponencial que está experimentando la población mundial y la falta de espacios asociada a este fenómeno, la cremación aparece como el entierro del futuro. La tendencia se inclinará, más temprano que tarde, a favor de este servicio funerario, los entierros ecológicos, las ánforas y ataúdes biodegradables y el esparcimiento de las cenizas en la naturaleza.

ECONÓMICA:

Generalmente los costos de un entierro son más elevados. En la mayoría de las cremaciones, no se realizan gastos como el pago del terreno en el cementerio, el arriendo de una sepultura, reducción y traslado de restos (en caso de exhumaciones). Salvo que los familiares quieran enterrar el ánfora en el cementerio, guardarla en un columbario o esparcir las cenizas en las dependencias de la institución funeraria, la cremación no implica gastos posteriores para lápidas, cuidado de tumbas, ecuotas mensuales por el pago del terreno etc. Aún así, las opciones de enterrar las ánforas o mantenerlas en columbarios son más económicas que los entierros comunes.

HIGIÉNICA:

La cremación es la operación más recomendada en este aspecto puesto que evita problemas higiénicos y sanitarios. Con la incineración, tanto humana como animal, se evitan posibles focos de infección, principalmente cuando la muerte se ha producido por enfermedades infecto-contagiosas.

ECOLÓGICA:

Este aspecto depende de la tecnología utilizada en el crematorio respectivo. De todas formas, se supone que los procesos de cremación utilizados en Argentina cumplen con todos los requisitos en cuanto a emanaciones de humo y olores. Por lo que no afectarían al medio ambiente. Además, con el entierro tradicional, pueden producirse ciertos contaminantes ambientales que no se producen luego de incinerar el cuerpo. Por ejemplo, las soluciones embalsamantes, pueden contaminar afluentes subterráneos de agua, con mercurio, arsénico y formaldehído, entre otros. Las Válvulas de Formol quedan trabajando por 20 años, contaminando las napas subterraneas. Los ataúdes por sí mismos también pueden contaminar, dependiendo el material de fabricación. Otra fuente contaminante es la presencia de radioisótopos que se encuentren en el cadáver debido entre otras cosas a la radioterapia.

PRÁCTICA: 

Muchos, antes de morir, piensan en facilitarle las cosas a los deudos. Hay quienes ven la inhumación como una innecesaria complicación de su proceso funerario, por lo que prefieren la sencillez y rapidez de la cremación. En resumen, quienes optan por la incineración, la ven como un proceso más simple y expedito que el entierro tradicional, puesto que una vez que los restos salen del horno y son introducidos en el ánfora o urna, los familiares pueden decidir libremente, ahorrarse cualquier tipo de trámite legal y económico posterior.